domingo, 1 de octubre de 2017

Ahora desearía

Ahora desearía
que vinieras a abrazarme;
que tus brazos me rodeen
y yo me sienta invencible
dentro de la oscuridad;
que los miedos y mis monstruos
huyan atemorizados
al contacto de tus dedos,
finos, dulces... en mi espalda;
desearía soñar
que soy un niño de nuevo;
que ríe, y juega, y se cae,
y llora, y se maravilla
con cada descubrimiento;
que aprende nuevas canciones
y se divierte con juegos,
entre notas y promesas,
que salen de una boca:
la tuya;
y curan una mirada:
la mía.
Y entonces, entre colores,
entre las luces y sombras
de una realidad dormida,
el bostezo del espíritu
anuncia el fin del tormento.
El fin de mi soledad.


jueves, 31 de agosto de 2017

Pedazos de eternidad

 Somos pedazos de eternidad arrojados a las atlánticas aguas del tiempo; gotas de agua con nombre y apellidos que proceden del mismo mar, que se evaden de él formando olas que sueñan con llegar a la costa.
Así nos estrellamos, y juntos y juntas emponzoñamos de espuma la orilla que, inmutable, presencia nuestra expansión por entre sus granos de arena. De este modo llegamos al mediodía, a la medianoche de nuestras vidas cuando, tras invadirlo todo, empezamos a retroceder lenta e imperceptiblemente; nuestro plenilunio dura unos segundos y nuestra luna mengua; nuestro sol agoniza en un rojo atardecer.
Sólo cuando nos vamos retirando, poco a poco, algunos y algunas descubren que todo estaba vacío; que en realidad nunca hemos abandonado el mar al que pertenecemos, y que éste nos recibe, nuevamente, con sus inmensos brazos azules. Nada sigue igual, aunque, inevitablemente, nada permanece diferente.
Pero entonces todo vuelve a su cauce y la vida sigue fluyendo, inconsciente, como si nada hubiera ocurrido.  

sábado, 5 de agosto de 2017

Rebelión

 Me posiciono frente al espejo y frente a él doy comienzo a mi rebelión.
-¿Contra qué? ¿Contra quién?- Me pregunto.
-Contra mí mismo.- Respondo.
Y, sin embargo, estoy ahí delante y no me reconozco. Mis ojos desafían mi mirada; ya he visto esos iris castaños antes, aunque no encuentro nada en ellos que me resulte familiar.
Mi entrecejo fruncido; mi boca entreabierta; mis puños apretados; el resuello, las contracciones de mi diafragma... todo eso es igual que ayer, pero no consigo establecer una relación de parentesco.
Nada ha cambiado, aunque todo parece distinto.
-¿Quién eres?-Me cuestiono.
-Soy yo.-Respondo.
-¿Y quién eres tú?-Me interrogo.
-No lo sé...-Añado.
Bajo la cabeza lentamente. Otra vez he sido derrotado por mí mismo. Por mi propia sombra.
Soy y no soy a la vez. Aunque... ¿quién soy?
El diálogo, como siempre, vuelve a pararse en el mismo punto que en ocasiones precedentes. La cólera sigue encendida en mi pecho; mis preguntas siguen sin responderse y mi rebelión sin consumarse.
Le doy la espalda a mi interlocutor y él actúa de manera similar. Con paso vacilante abandono mi habitación. Mi reflejo también se aleja. Ninguno de los dos nos volvemos para mirarnos; el eco de mis pisadas es el eco de sus pisadas. No importa que la conversación se haya interrumpido de manera abrupta: cuando regrese volveré a estar ahí, listo para un nuevo asalto con las mismas reflexiones irresolubles:
-¿Quién soy?
-No lo sé.
-¿Qué haces?
-Rebelarme.
-¿Contra quién?
-Contra mí.
-¿Y quién eres tú?

-Absolutamente nadie...

miércoles, 31 de mayo de 2017

Ocurrió...

 Ocurrió que tus pequeñas manitas cogieron mi delgado dedo índice y tu sonrisa traviesa ocultó cualquier miedo a la oscuridad.
Ocurrió que, mientras andábamos por el ancho pasillo, tropecé con tu mirada limpia e inocente y entonces toda mi tristeza y mi rabia fueron menguando.
Ocurrió que yo te pedí un beso, y tú me lo diste en la mejilla.
Ocurrió que tu risa inundó hasta el último rincón del salón y mi pecho cuando te abracé porque te parecía divertido.
Ocurrió que aquel día entendí lo que era el amor sin condiciones cuando comenzaste a partir una palomita que cogiste de un bolt repleto de ellas y la compartiste entre todos los presentes.
Ocurrió que tus dedos minúsculos fragmentaban la golosina salada en pequeños pedazos. Había muchas dentro del tarro, pero para ti era más importante que nadie se quedase sin su porción, aunque tú te quedases sin la tuya.
Ocurrió que mi alma lloró de felicidad cuando vio en ti dulzura, bondad y cariño, sin más trabas ni límite que tu pequeño e infantil cuerpo.
Ocurrió que en cada gesto, cada mirada que tenías... encontré la redención a mi soledad en la figura de quien menos esperé.
Ocurrió que aquel día comprendí por qué sólo siendo un niño se es digno de entrar al Reino de los Cielos.

domingo, 30 de abril de 2017

Vámonos lejos

Tu esternón es el único camino que quiero recorrer con mis dedos;
Mi boca suicida desea acercarse peligrosamente al abismo de tus labios.
Ven.
Rodéame con tus brazos y volvamos locos a los relojes;
detengamos el tiempo si fuera posible;
Consigamos que la quietud se inestabilice y dure un instante;
Muramos juntos por cada hora vencida;
Veamos perdidas las miradas de la gente perdida;
Perdámonos en nuestras miradas;
Encontrémonos en una miríada de miradas perdidas;
Llévame al lugar en el que el océano y el cielo se confunden,
Y hagamos que la Tierra sea sólo una anécdota.
Ven...
Vayámonos lejos;
Vámonos lejos;
Tan lejos como quieras y haga falta;
Pero vámonos juntos...

viernes, 31 de marzo de 2017

Mumu

 Mumu miraba por la ventana del hotel mientras Agustín se montaba en el coche. Por su mejilla verde rodó una lágrima de espuma; afuera nevaba. Sus alitas negras se apoyaban en el frío cristal, contemplando al auto alejarse hacia la carretera.

-Se ha olvidado de mí.-Pensaba.-Se ha hecho mayor.

Con paso vacilante se dirigió hacia la misma cama en la que, la noche anterior, había velado el dulce sueño de Agustín. La destapó y se metió dentro. Allí el vacío se hizo más palpable que nunca. La cama era demasiado grande para él y comprendió, entre sollozos, que nunca más volvería a abrazarle.

El pequeño Agustín ya no necesitaba de ningún ángel guardián que lo custodiase mientras dormía; pero Mumu siempre necesitó velar por su sueño.  

martes, 28 de febrero de 2017

¿Y si...?

 ¿Qué pasaría si hubiéramos estado equivocados toda la vida?
¿Y si la vida fuera sólo un paréntesis entre ambos extremos de la inexistencia?
¿Y si la muerte fuera, realmente, lo natural? ¿Se puede hablar de lo que no existe?
¿Sí?
¿No?
¿Se puede tener una definición de lo que no se conoce?
¿Y si no tuviera sentido hablar de la inexistencia?
¿Y si pudiera definirse la inexistencia?
¿Y si se diese la paradoja de que la inexistencia dejase de existir para existir como inexistencia?
¿Y si la inexistencia fuese una existencia? ¿De qué color es la muerte? ¿Es negra? ¿De qué color es la nada? ¿Es blanca? ¿Cuánto tiempo dura la eternidad? ¿Cuán largo es el horizonte?
¿Y si el Paraíso fuera fruto de un largo atardecer?
¿Y si nada tuviera respuestas?
¿Y si todo tuviera respuestas múltiples?
¿Y si todo tuviera una sola, pero desconocida respuesta?
¿Y si ninguna de las respuestas tuviera sentido?

O peor aún...


¿Y si sólo tuvieran el sentido que uno mismo quisiera darle?