domingo, 10 de agosto de 2014

Como un libro por escribir

Adoraba el silencio que creaban sus labios al hablar de lo cansado de su día, pero yo no me cansaba de ver el sonido de sus palabras vibrando en su garganta porque así los colores parecía que cantaban. Y de hecho cantaban. O al menos yo los veía más vivos cuando se tumbaba en el sofá a leer una poesía. La miraba y la echaba de menos, ¡estaba tan lejos allí sentada, al alcance de la mano! Pero su mente siempre estaba distante, hablando de sus cosas, cercana al mundo pero lejos de la ventana por la que entraban los rayos del sol que tostaban la piel desnuda de su ropa.
No era capaz de apreciar la belleza de un mar verde donde nadaban los ciervos porque prefería observar la tierra donde andan los delfines y los peces, siempre en fila india para confundirse y mezclarse entre ellos. Pero aquello también era hermoso, pero no más que ella.
Ella tenía una gracia especial que sólo se encuentra en las piedras y los jarrones de porcelana, llenas de un dinamismo monótono y de un caos ordenado meticulosamente, como si alguien hubiera cincelado con un férreo y fuerte martillo de cristal de bohemia un débil bloque de diamante.
Pero ciertamente me daba mucha pena la velocidad con la que, para ella, pasaba la vida, pues sufría la misma endeble mutabilidad que una estatua romana o una anciana montaña, y yo quería para ella la eternidad de una gota de rocío, o la larga duración que tiene escribir una frase sobre la arena del mar, lejos del agua: a diez centímetros de la orilla y con un mar turbulento. Y eso lo quería así porque sabía de la inmortalidad de la vida cuando acecha la muerte: la infinitud para dormir es demasiado corta comparado con el parpadeo de sus pestañas.
Pero el caso es que yo la quería. Así. Mutable e interminable. Como una brisa marina deslizándose por el fondo de una montaña, como si por la cara del océano nunca se hubiera deslizado una roca. Como si los colores nunca hubiesen cantado cuando ella leía una inquieta poesía en un libro aún por escribir.



martes, 1 de julio de 2014

Será

Será que he decidido que no te quiero,
Que la vida parte al destierro,
Y que me he prohibido mirar hacia atrás.

Será que te he olvidado pero es mentira,
Que el aire canta por Sabina,
Y que ahora soy una estatua de sal.

Será que dueles aunque no seas nadie,
Que soy un perro ‘tirao’ en la calle,
Y que la brisa, no sabe a dónde va.

Será que me frustra perderte del todo,
Que hay un principio de todos modos,
Y que todo inicio sale de un final.

Será que soy un tonto que no te entiende,
Que somos viento de poniente,
Y que ardemos incluso al borde del mar.

Será que esto no es lo último que te escribo,
Que podría escribirte un libro,
Y que tu huella, no se puede borrar.

Será que las promesas no son promesas,
Que, aún así, las palabras pesan,
Y que por eso… no te quiero olvidar.








lunes, 12 de mayo de 2014

Labrador

¿Dónde vas con tu azadón
Y con la frente cansada?
¿Dónde, con boca reseca,
Con las manos agrietadas?

-Voy a las montañas a
Buscar la lluvia en la sierra,
A traer agua a mí campo y
Dar de beber a la tierra.

Sembraré de verde el campo
Con sangre de mis arterias,
Y escribiré entre los surcos
Memorias de mi miseria

Que yo soy un labrador
Y estoy atado a los llanos:
Y no creo en más promesas
Que en el fruto de mis manos.

-¡Ay, labrador que aún muerto
Quede el cuerpo sobre el barro,
Sin cruz, mueres siendo un dios
Viviendo como un esclavo! 

domingo, 27 de abril de 2014

Al horizonte

Harto de llanto, harto de lágrimas. Su boca sólo conocía el monótono sabor salubre de sus ojos. Parecía más un muerto que una persona. Quería dejarlo todo. La vida le pesaba tanto en el corazón como en los hombros. Le angustiaba el paso del tiempo, los finales... pero, sobre todo, los principios y las mitades. Deseaba volver al pasado. Le pesaba tanto daño y sufrimiento, propio y ajeno. Quería cambiar su vida, pero ya era demasiado tarde.

Los errores habían sido muchos. Demasiados, tal vez. Su frente siempre estaba inclinada, como una bestia bajo el yugo. Era todo tristeza, como una isla entre dos océanos. Como un árbol en una llanura desértica. Era todo desolación, una parte más de la intrascendente brevedad de la vida.

A cada paso, notaba el estigma del fracaso. También la amargura de la mínima esperanza. Era presa del ruido que trae el silencio. Era un hijo de Caín, a la par que la descendencia inerte de Abel.

Estaba sentado, mirando el horizonte en un atardecer veraniego. El sol comenzaba a ahogarse en el mar, y él en sus pensamientos. Y así, suspirando, solo, sin destinatario, elevó al cielo la frase maldita. Lo siento.

Sólo lo oyó el indócil viento de poniente. ¿A quién se lo llevaría?

viernes, 11 de abril de 2014

EN BLANCO Y NEGRO

El libro ya está disponible en MEGA. Es de descarga gratuita. Son 12 relatos y 12 fotografías, como se aviso, pero también hay una pequeña sorpresa oculta.

Ponemos a vuestra disposición, además, un correo que también podréis encontrar en las últimas páginas del libro para que nos hagáis llegar vuestras opiniones o cualquier otra cosa que queráis saber sobre el proyecto.

¡Muchas gracias a todos! ¡Un abrazo!

También podéis descargar el libro pinchando en la imagen.

LINK DE DESCARGA: bit.ly/enbyn93
CORREO: enblancoynegro93@gmail.com


Portada de "En Blanco y Negro" 

martes, 25 de marzo de 2014

EN BLANCO Y NEGRO: A veces

El relato que vais a leer a continuación es un extracto de un proyecto literario y fotográfico que saldrá en breve y que llevará el nombre de “En blanco y negro”. Como tal, el proyecto constará de 12 relatos y 12 fotografías, todas ellas realizadas por la fotógrafa Susa Montesinos, coautora del proyecto. Tendrá una amplia variedad temática, y será de descarga directa y gratuita. Espero que os guste y os animéis a descargarlo y leerlo. ¡Gracias por vuestro tiempo!


Fotografía perteneciente al relato
 "A veces" del proyecto "En blanco y negro"
hecha por Susa Montesinos.
A veces no me doy cuenta de que tengo tu voz al alcance de mi mano. No me doy cuenta de que puedo tocar tus suspiros con la yema de mis dedos, respirar el mismo aliento que respiras.

A veces no me doy cuenta de la relatividad del tiempo hasta que te miro. No me doy cuenta de que puedo olvidar que desde que nací estoy muriendo, que puedo obviar toda fecha en esos momentos donde el mundo sigue, pero el tiempo se para.

A veces no me doy cuenta de que puedo beberme tu cuerpo. No me doy cuenta de que he tenido el privilegio de recorrer cada centímetro de tu torso desnudo posando levemente los labios a la altura de tu cintura, iniciando una ascensión lenta hasta llegar a ese abismo sin fondo que es tu boca.

A veces no me doy cuenta de que soy ciego. No me doy cuenta de que una vez observada tu sonrisa, en el mundo, no hay nada más que ver y que, por ende, los ojos que te vieran ya no tienen la necesidad de seguir cumpliendo su cometido y por ello duermen.

A veces no me doy cuenta del miedo a las alturas. No me doy cuenta del vértigo que me provoca el abismo infinito de tu mirada, el paseo mortal que forma el acantilado insalvable de tus caderas.

A veces no me doy cuenta de que soy sordo. No me doy cuenta de que escuchando el torrente limpio de tu voz susurrándome al oído no hay ningún sonido más alrededor, enmudece incluso la música por miedo a hacer el ridículo ante un río de aguas cristalinas.

A veces no me doy cuenta de que eres intangible. No me doy cuenta de que eres un sueño, y que los sueños, sueños son, un fantasma lleno de hermosura y esperanza; y sin embargo no me sorprendo de ello: algo tan bello solo podía existir en el Reino de Morfeo, por ello la muerte no es problema: viviría soñándote eternamente. ¡Y aún así, la eternidad de la inexistencia me parece demasiado corta!

martes, 11 de marzo de 2014

La nada

Ha llegado la hora de enmudecer.
La nada debe volver a la nada.
El muerto ya duerme sobre su caja,
Entendió que la vida es sólo un tránsito.

La vida es un tránsito, nada más,
El final es la única certeza.
Sólo el recuerdo nos mantiene vivos,
Así pues, ¿cuánto tiempo hemos vivido?
El ansiado fin no llega al morir;
Ya al nacer besamos la apoteosis,
Todo cuanto hay en medio es un ensayo
Pues, existir sólo es una enfermedad
Que se cura con el paso del tiempo.
Cualquiera de aquellos que no respiran
Tienen más vida que muchos que laten,
E hicieron suyo el Reino del Olvido.
Hay muertos que miran, andan y lloran,
Hay vivos que duermen y ya no sienten,
¿Cuál de los dos opuestos alcanzó
La vida? ¿Cuál llegó a la inexistencia?
¿Quiénes de los dos, verdaderamente,
Hizo méritos para los recuerdos?
¿Cuál de ellos falló? ¿Quién se desvivió?
¿Quién murió en esa derrota dual?

Es hora de hacer cruces en la frente,
Mirar al cielo, renegar de Dios,
Ha llegado la hora de enmudecer.
La nada debe volver a la nada.