lunes, 27 de abril de 2015

Un punto amarillo

Veo un espejismo en el horizonte, y deseo aferrarme a él.
Hay un punto amarillo allí en medio al que tengo que llegar como sea, aunque es bastante extraño: si avanzo dos pasos, él también retrocede dos pasos; si lo miro durante mucho tiempo me quedaré ciego, pero si no lo observo estaré desorientado y no sabré llegar al lugar que me marca. En definitiva, es inalcanzable.
Sin embargo... si me invade el desánimo y me siento, abatido, sobre la arena, él sigue ahí también, y a menudo pienso que también se sienta al borde de su cama de agua para hacerme compañía; si decido andar intentando buscar una solución, él también camina y da tantos pasos como yo: ni uno más y ni uno menos, los mismos. Por así decirlo, me acompaña en la travesía; va junto a mí, pero no conmigo: me persigue y lo persigo, y a veces creo que nos buscamos, pero no deseamos encontrarnos porque de hacerlo, quién sabe si hallaríamos la verdad del uno en el otro.
Veo un espejismo en el horizonte, y deseo aferrarme a él.
Es un punto amarillo allí en medio, que poco a poco, mientras cae el sol y reflotan mis miedos, se despide y desaparece. Tendremos que reencontrarnos mañana porque ahora hay demasiados puntos amarillos: todos huyen cuando me acerco, y todos traen esperanza.


viernes, 20 de marzo de 2015

Una página

Cada persona del mundo debería escribir una página:
Luego juntaríamos todos los pedazos y…
¡Tendríamos el libro más grande de la Historia!
Y no puede haber excusas:
Nada de “mi vida no es interesante”, nada.
Nada de “yo no tengo nada que contar”, nada.
Nada de “no sé expresarme”, nada.
Nada de “yo no sirvo para esto”, nada.
Nada de edades, ni sexos, ni religiones. ¡Nada!
Todos tenemos algo que contar;
Todos somos únicos e irrepetibles,
¿Por qué negar lo que nos hace especiales?
Pero pongámoslo por escrito:
Da lo mismo si es un párrafo,
Una fotografía,
Los restos de un pintalabios,
Un dibujo
O el simple garabato de un recién nacido.
¡Todo vale!
Ahora lleguemos más lejos:
Cortemos todo en pequeños pedazos de cielo,
Hagamos nubes con los espacios en blanco,
No dejemos márgenes ni nada por el estilo,
Y pintemos o escribamos
Dentro de las letras
Que son demasiado grandes,
¡Todo es horror vacui!
Imaginemos que es la portada de una catedral barroca
Y bajo ningún concepto, podemos dejar nada
Al vacío, en blanco,
Pero dentro de la catedral
No hay dios,
O si lo hay,
Pero no conocemos su nombre,
Ni el quiere decírnoslo…
Esa portada sería de todos,
Y todos estaríamos representados
En esa portada,
En las naves de la catedral.
En esa catedral de árboles por columnas,
De cascadas por vidrieras
Y ríos con peces rojos nadando entre ellos;
De una techumbre celeste que
Cambia de color con el tiempo:
Naranja, escarlata,
Negro, azul marino…
Con esferas relampagueantes de fondo,
Velas colgando del techo,
Velas plateadas de destello dorado
Y una montaña como altar.
Allí cabe todo el mundo,
Y por eso allí
Dejaremos nuestro libro…
Pero vayamos más lejos;
Ahora cojamos las páginas
Y recortémoslas
En pedazos diminutos:
Cada página será cortada
Con unas tijeras
Por todas las personas:
Los niños desgarrarán el papel,
Los ancianos no entenderán,
Y algunos lo harán con desgana,
Sin embargo, lo harán.
Y una vez hecho eso,
Pegaremos los pedacitos
En ese libro al azar:
Así, cada página representará
A una persona,
Y cada persona tendrá pedazos
De otras páginas
Y por lo tanto,
De otras personas,
Y así todos tendremos
Parte de todas las personas
Y seremos
Parte de todas las personas:
Esa algarabía
De nombres,
De palabras,
De imágenes,
De garabatos,
Y de todo,
Será nuestro Libro Sagrado,
Y lo pondremos
En la catedral
Y en la catedral cabremos todos
Sus muros y su techo son infinitos,
Y cada uno de nosotros
Será ese dios mudo
Del que nadie conoce su nombre,
Pero no hará falta conocerlo:
Todos seremos libres
Aunque
Nada tendrá sentido,
Pero
Ahora mira a tu alrededor
Y dime…
¿Alguna vez lo tuvo?




domingo, 1 de febrero de 2015

Suspiros y alientos

Perderé el aliento buscando suspiros;
Perderé suspiros buscando alientos viejos;
Perderé alientos viejos lanzando suspiros nuevos;
Los suspiros nuevos serán alientos viejos
Y no podré guardarlos en una fotografía
Porque para entonces, ya habré dejado de buscarlos,
O los tendré bajo llave en alguna habitación.
Y mientras veo el fútbol,  los suspiros nuevos se van yendo
Y cuando quiero capturarlos aspirando
Ya son alientos viejos.
Yo no quiero alientos viejos:
No puedo guardarlos en una fotografía;
Tampoco quiero suspiros nuevos:
No puedo tenerlos bajo llave, pero…
¿Qué sería del aire sin el suspiro?
¿Y del suspiro sin el aire?
¿Vería igual un aliento sin el blanco y negro de una fotografía?
¿Habría fotografías en blanco y negro sin su aliento correspondiente?
Si no puedo guardar mis suspiros bajo llave...
Igual es porque soy una caja de suspiros abierta
Y la llave se ha perdido,
Y no tiene candado tampoco:
No se puede cerrar, ¿ves?
Y creo que encontraré el candado,
Y podré echar la llave cuando ya no me queden suspiros
En mi caja de hacer suspiros.
Igual, se han ido contigo,
Aunque no estoy seguro…
El último aliento nos lo dirá,
Al fin y al cabo, es el último suspiro
Pero el último suspiro será tuyo:
Antes de echar el candado
Y cerrarlo con llave
Huirá de la caja de hacer suspiros,
Porque, como todos los demás suspiros,
Se fueron y no deben volver
Quizá es porque te pertenecen…
Porque sin necesidad de fotografías que inmortalicen nada

Tú, me has arrebatado el aliento. 

sábado, 17 de enero de 2015

Hoy es siempre todavía

Hoy es siempre todavía, decía Machado, porque el hoy es reminiscencia del ayer, porque mañana es tarde para todo, porque el pasado nunca vuelve; porque el futuro nunca llega: sólo existe el ahora, porque sólo es posible vivir ahora: el resto es vivido y por vivir, certeza e incertidumbre: un mar nebuloso cuyas brumas sólo se extienden hacia el horizonte que hay frente a nosotros, mientras a nuestro paso, dejamos una estela de aguas y cielo transparentes, y así, al mirar hacia atrás, empezamos a ver el camino recorrido más claro, allí donde antes la densidad de la niebla impedía cualquier visión, donde el agua y el cielo eran grises y se confundían entre los vapores marinos de bestias invisibles que nos aterraban; sin embargo, ¿dónde están ahora esos fantasmas? Siguen a nuestro lado, y también al frente, pero no acompañando nuestro barco, sino persiguiendo a las sombras de las que forman parte, orientando y enmudeciendo nuestros miedos hacia delante, alentados por la ceguera de la neblina y la sordera de la valentía, ahora encadenada mientras sus ojos, siguen mirando al frente.
Y es mirando al frente cuando un haz de luz comienza a disipar la niebla, y ante el náufrago aparece la Isla y siente miedo porque sabe que es su destino, y entonces mira hacia atrás… ya todo luce claro: no hay brumas alrededor, y la estela del barco se acorta, y el puerto del que salió con tanta congoja resulta estar demasiado cerca, y entonces echa en falta esa fatiga del principio, y el misterio que se alzaba ante sus ojos en forma de velo gris; pero ya es tarde: los hierros que le ataban al barco se han roto y siente, en su pecho, la parálisis de la libertad, y cae la valentía en la cubierta, y se tapa los ojos porque lo que hay ante ellos, le causa temor: no sabe si es sombra, claridad o un híbrido; no sabe si es real o es un espejismo: mas baja atemorizado del barco hacia la arena porque sabe que ya es parte de esa misma ilusión, aunque siente la tentación de mirar hacia atrás una vez más. Una última vez. Y busca la niebla entre las aguas azules, y las bestias invisibles que le acompañaban; busca el misterio que le envolvía y que le siguió durante todo su camino… y llora porque no los encuentra.
Ya no hay preguntas, tampoco hay respuestas, ni pensamientos, ni dudas: sólo se alza la verdad; pero la verdad no tiene el encanto de un barco perdido, y mirando el bote piensa: “¡fue todo tan rápido!” y siente la necesidad de volver a surcar el mar y emprender la búsqueda de un nuevo destino: sueña con volver a tener, ante sí, un velo gris, y desea volver a ver los vapores de las bestias invisibles; pero ante todo, anhela subir al barco y navegar a la deriva, pero ya es tarde: la libertad, ha roto sus ataduras; la verdad ha quemado la gris neblina. Presente, pasado y futuro han confluido en un mismo lugar. El viaje ha terminado. Hoy, es siempre todavía.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cenando Preposiciones

A la felicidad
Ante las paredes, bajo los niños
Cabe constante con plantas contra España
De las maletas, desde el cine, en la repercusión
Entre la humedad hacia la vigilancia hasta el cuatro
Para la tarifa por la reivindicación según la luz sin las personas,
So casi sobre la fuerza, tras aislada durante los banquillos mediante el conocimiento,
Excepto importante, salvo los Kebabs incluso nuevas: más gas, menos preocupación.



10 SENCILLOS PASOS PARA HACER "ESTE" ¿POEMA? DADAÍSTA
1-Abúrrase mucho en casa.
2-Cuando no sepa qué hacer, dé vueltas por el salón y piense en nada.
3-Una vez haya pensado en nada, tendrá ganas de hacer el poema.
4-Apunte las preposiciones en una hoja. Pueden ser todas o un número al azar (el 0 cuenta y es un buen número).
5-Coja un periódico y unas tijeras y corte unas palabras de aquí y allá. No pasa nada si le llaman la atención.
6-Cene. Hacer nada da mucha hambre. Mientras tanto puede contarles a sus colegas qué es un poema dadaísta. Haga una foto para la posteridad (la imagen de esta entrada es un ejemplo claro, aunque en blanco y negro) Puede subirse a Instagram.
7-Siga cortando palabras
8-Meta las palabras en una bolsa y agítelas un número indeterminado de veces. No la agite si quiera. También puede agitarla hasta tener codo de tenista.
9-Saque las palabras y vaya apuntándolas en una libreta.
10-¡Enhorabuena! Ya tiene usted un poema dadaísta. Puede seguir aburriéndose o hacer otro. Usted pone sus reglas y su límite





viernes, 7 de noviembre de 2014

Un enano en el mechero

Estábamos tomando una cerveza en el Salvador cuando cogí el mechero de mi acompañante y me puse a jugar con él encendiéndolo y apagándolo.
-¿Sabes por qué la llama de este mechero es naranja?-Me preguntó.
-¡Claro que lo sé!-dije-hay un enano de las cavernas trabajando dentro.
Mi respuesta pareció escandalizarle y empezó a hablar de química, y de que si era cosa de la temperatura y el combustible. El caso es que yo sabía que dentro del mechero había un enano que lo hacía funcionar, aunque se dejaba ver bastante poco y había que estar muy atento. Y yo lo vi un día. Se había quedado dormido al fondo de la piscina de gas líquido y por eso la piedra sólo echaba chispas; porque el enano estaba descansando de las duras y largas jornadas de curro que tenía trabajando para un fumador habitual. Sólo había que moverlo un poco para que se despertara y se pusiera de nuevo al tajo.
Yo cogí un papel mientras apurábamos las cervezas y decidí darle trabajo al enano. Salió de su escondite y me miró de mala manera, como diciendo “¿otra vez tú? ¡Déjame descansar!” pero a mí me daba lo mismo y apreté la piedra para que friccionase, que para él era lo mismo que la sirena de una fábrica que llama a trabajar. Y tras unos segundos llamándole, el fuego salió y prendió la servilleta.
Ahí ya me olvidé de enanos de las cavernas y de mechero y me puse a contemplar la llamita que se había formado en el papel. Se merecía que lo dejase descansar, que era miércoles y normalmente le daban mucho trabajo, sobre todo los sábados por la noche.
Mientras la servilleta ardía y el enano se echaba una siesta a eso de las doce del mediodía, me quedé pensando en lo incomprendida que puede llegar a ser una llama… ¡y en lo sola que debe sentirse! Cuando ella sólo quiere abrazar y dar calor, a cambio recibe la destrucción de cuanto toca y la alarma de los que la ven. Me parece que no llora porque si lo hiciera se apagaría, aunque con tanta temperatura es complicado que tenga lágrimas porque ya se habrían evaporado.
Y entretanto pensaba esto cuando un poco de ceniza cayó sobre el chaquetón negro de mi amigo y al frotarse, dejó unas pequeñas manchas grisáceas sobre la superficie de la manga. Sonrió tras sus gafas de sol y me dijo:
-Tío, ¿sabes que eres un puto pirómano?-Le miré aún con el papel ardiendo en la mano derecha. Con la otra, bebía un pequeño sorbo de aquel líquido amarillento
-¡Claro que lo sé!-Le dije-de vez en cuando me da por crear un estropicio y le prendo fuego al corazón.
El enano, por su parte, tuvo que ponerse a trabajar de nuevo porque mi amigo sacó un cigarro y se puso a fumar. Pero creo que él también lo vio, porque se metió el mechero en el bolsillo para que pudiera dormir a gusto y empezó a preguntarme cuántas veces al día le prendía fuego al corazón; sin embargo, le dije que no sabía el número exacto porque para ese tipo de piromanía no se necesita ni de enanos ni de mecheros. 


viernes, 12 de septiembre de 2014

Beksinski

No, no recuerdo nada de su rostro.
Era una persona bastante extraña,
Siempre con la esperanza cabizbaja,
Paseando entre el crepúsculo y los pájaros,
Siguiendo un largo camino de nubes.

Su espalda encorvada miraba al suelo,
Pero, ¿qué suelo? Debajo de sus pies
Sólo se levantan puentes de brisas
Elevados sobre copas de árboles
Que soportan su amarga pesadumbre.

Te grito y llamo, pero no respondes,
Avanzas, autómata, sin girarte.
Mis palabras estiran de tu tela
Como un niño asustado, y como el aire,
Acariciando tus manos, y pasa…

¡Pasa como si nunca hubiera pasado!
Pintura de Beksinski